Lavillenie sigo siendo el Rey

En Zúrich Lavillenie se jugaba mucho más que un título. Después del WR y el tajo del pie, el francés volador no se había encontrado a sí mismo a lo largo de la temporada al aire libre. Para ser más justos, deberíamos decir que no se volvió a ver al superheroe de la pértiga, capaz de enlazar competiciones por encima de 5.85 como el que no quiere la cosa.  En la temporada pasada al aire libre, en 9 de 10 competiciones consiguió sobre volar por encima de los 5.85, en cambio en ésta temporada, mucho más irregular, “sólo”en 3 de 12 apariciones se le vio por encima de esos 5.85.  A Lavillenie le pasa como a Usain Bolt, les vemos demostrar un nivel increíble y todo lo que no se acerque a esa referencia que tenemos lo consideramos una mala actuación, o que está en baja forma o peor aún, que  ya han llegado a su límite. Así que Zúrich se presentaba cómo la ocasión perfecta para aclarar dudas para el que las tuviera. Pero también era un arma de doble filo, ante un salto con pértiga algo debilitado, no ganar habría sido un fracaso, para todos los que disfrutamos de sus saltos, pero sobre todo para él. Y así quedó reflejado en su estrategia a la hora de atacar el cetro europeo.

La final se inició en 5.40 con 4 países dominando la escena, Rusia y Polonia volviendo a años dorados, aportaron tres cada una, Francia con la incorporación del joven Menaldo contribuía con dos y Portugal, también con dos finalistas; Maia y Ferreira, demostrando que están haciendo muy bien las cosas en la pértiga al sumar tres representantes más en el concurso femenino (Tavares, Onofre y Pereira) que no lograron el pase a la final. La representación alemana, mermada por las bajas de Holzdeppe (lesión tras lesión), Otto Björn (retirada) y Malte Mohr (renuncia) estaba en manos de Karsten Dilla. Hay que remontarse al Mundial de Daegu (2011) para encontrar un sólo teutón en una final masculina.

Al llegar a 5.60 10 atletas estaban en competición y Lavillenie todavía sin estrenarse. Todos los posibles candidatos a aspirar a medalla seguían en pie. En 5.65 apareció Lavillenie, con un salto muy explosivo, soltando muy pronto la pértiga y recreándose en su capacidad acrobática. Y decidió que era suficiente, hasta nuevo aviso. Por el contrario Filippídis, uno que suele competir muy bien, no pudo con el 5.65 dejando una plaza a los aspirantes. Maia también se despedía, pero después de competir muy bién igualando su SB. El actual campeón de la Commonwealth, Lewis, paso del 5.65 ya que arrastraba un nulo del 5.60, esperando un buen salto sobre 5.70 que le diera opciones de medalla. Con el listón en 5.70 Wojcechowski, Kudlicka y Menaldo marcaron perfil, saltando a la primera. Mención especial el concurso del aspirante francés, con una PB de 5.72 había completado un concurso muy bueno con un único nulo en 5.60. Lewis definitivamente se despidió, igual que el ruso Gripich.  Llegados los 5.75 todavía permanecían en competición 5 atletas. Entre ellos Lavillenie, el cual seguía sin saltar. También se encontraban Wojciechowski, con un concurso perfecto y el único junto al favorito que había probado que era eso de volar a más de 5.85 metros del suelo. Pero no hubo más tiempo de juego, nadie de los que intentaron el 5.75 lo consiguió y Lavillenie encaraba el pasillo. Cómo el verdugo que se dirige hacia su víctima para asestarle el tiro de gracia, Lavillenie se disponía a saltar 5.80. El hecho de no saltar los 5.75 le ponía en un ligero aprieto, si no conseguía saltar esos 5.80 se quedaba sin medalla (4º) pero parece que el riesgo, jugar con el límite, es algo que le va. También parecía un acto de confirmación o de reclamar el respeto que se le pudiera haber perdido, como diciendo:” no necesito saltar alturas mundanales”. Y así fue, encaró el pasillo, presentó, se lanzo contra la colchoneta elevando su brazo derecho hasta el cielo, agrupó como el hombre bala, en espera de ser lanzado y a volar. Muy fácil y muy contento se mostró. Tercer cetro europeo consecutivo (2010-2012-2014) y solicitud de una altura para entrar en calor, unos 5.90 que presagiaba que tenía ganas de marcha. Y así fue como después de superar el 5.90 a la segunda reclamó los 6.01 récord de los campeonatos en propiedad de el ruso Gataulín desde el 94. Volver a saltar 6 metros, eso que tanto le gusta y que nadie más que él lo consigue desde el 2012 (Björn Otto 6.01 – Aachen). Pero no pudo ser. Así que en una final de 4 medallistas (oro Lavillenie, plata Wojciechowski y bronce Kudlicka-Menaldo) todo volvió a su estado natural, Lavillenie volvió a encontrarse, y el resto a verle mirar. Cómo habrá apreciado el lector, ni rastro del alemán, Karsten Dilla que no estuvo al nivel de la tradición alemana y se quedó con una mejor marca de 5.40.